MENSAJES DEL VACÍO
Margarita Ojeda Santana y Miguel Trigo Morán

La creciente capacidad de la tecnología para dar soporte a la comunicación y a las relaciones entre personas, entre otras cosas,  acompaña de forma coherente y forma la actual “sociedad postmoderna”.
Una de las características de esta  sociedad es que las personas, presionadas y llenas de incertidumbres, buscan soluciones sencillas, de bajo compromiso y una “imagen” diseñada según modas y necesidades, y las redes sociales son el canal ideal para promocionar algunas de estas cualidades en las nuevas generaciones.
Internet, los móviles, las redes sociales lo cambian todo en términos de “relaciones” entre individuos. Obviamente, tanto para bien como para mal. Cualquier movimiento implica desequilibrios, nuevos equilibrios, cosas que se ganan y otras que se pierden.
Internet proporciona una “válvula de escape” para liberar tensiones y ansiedades, sin pedir demasiado a cambio, ya que en cualquier momento, puedes volcarlas en la red y salir de ella si la respuesta no te gusta. Es menos arriesgado y no nos enfrentamos cara a cara a la indiferencia o al rechazo del otro.
Aunque considerar que este comportamiento es generalizado sería una error, muchas personas buscan consuelo e identidad en las redes sociales, donde a veces les parece más fácil encontrarlo que en su proximidad.
Sin embargo, la accesibilidad de un supuesto “universo de amigos” y el tiempo y disponibilidad que exigen, pueden ir poco a poco vaciando de afectividad y cercanía las relaciones con las personas más cercanas, amigos y familia.
Si las redes suponen para muchos un medio de expresión y búsqueda de relaciones  afectivas, nos podríamos hacer la pregunta de si realmente están cumpliendo esa función.
A pesar del creciente numero de usuarios y el incremento exponencial de los mensajes, no es obvio que la red ofrezca el tipo de respuesta que se demanda, ni que una mayoría de usuarios  se sientan satisfechos con la respuesta que obtienen de la ella.
Así nos planteamos la siguiente pregunta:

¿Te sientes escuchado en
las Redes Sociales?

Pero lo que realmente queremos de la Red, no es la escucha, sino una respuesta que cubra nuestras necesidades emocionales, una garantía de que existimos, de que formamos parte de la comunidad, de somos “visibles”.
Como Remedios Zafra y Amparo Lasen desarrollan en sus investigaciones y ensayos, las redes sociales son el principal canal de las nuevas generaciones para exponer sus vivencias, opiniones y sentimientos. La sociedad parece exigir dejar constancia, “en imagen o por escrito”, de que estamos vivos, que somos interesantes, que tenemos algo que decir…. Y tenemos que hacerlo constantemente, para no caer en el olvido, para seguir existiendo.
Esas necesidades multitudinarias y confluyentes en los servidores de Internet, de múltiples redes sociales, se convierten en un continuo murmullo de mensajes, digitalizados en ceros y unos, que se mezclan, interfieren mutuamente y se diluyen en un ruido sordo metálico, impersonal y finalmente, inhumano.
¿Realmente hay alguien escuchando al otro lado de la red? ¿Dónde van a parar esa multitud de mensajes cruzados y, casi nunca, realmente relacionados entre sí? ¿No funciona, más bien, como un pozo en el que dejamos caer nuestras opiniones, preguntas y ansiedades sin ninguna garantía de respuesta?
Las redes sociales no nos aseguran que se nos estén escuchando, y mucho menos de que la respuesta recibida sea sincera. A menudo funciona como un espejo, en el que el otro responde con lo que tu quieres escuchar, o te hiere protegido por el anonimato.
Pero en todo caso, todos somos conscientes de que la comunicación en la red, se realiza a través de filtros cada vez más potentes y distorsionadores. Cuando más volcamos en ella, cuando más movimiento se produce, más indeterminada y anónima es la respuesta, y por lo tanto, menos satisfactoria.
Y así funciona como una droga, que produce un ligero y superficial consuelo inicial, una respuesta vana que halaga temporalmente nuestro ego, dejándonos inquietos y necesitados de algo más, que nunca termina de llegar. Y si dejas de alimentar la red, el vacío de la NO respuesta, nos hace pensar que dejamos de existir.
La comunicación en persona tiene unos contenidos gestuales y físicos que aportan una carga emocional muy difícil de transmitir por otros medios. La presencia del otro, nos llena de calor y de humanidad. Los sentimientos, tanto positivos como negativos, se transmiten con fluidez y potencia.
Antiguamente, al final del día, familia y amigos, se sentaban alrededor de la hoguera, o de la chimenea y compartían historias, pensamientos y silencios. Es lo que se llama el “hogar”, y puede que a veces queramos obtener de la red, ese calor humano que desprende la reunión alrededor de la hoguera.

Dar las gracias a Jul, Guille, Marta y a todas aquellas personas que nos echaron un cable con sus reflexiones 🙂


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