Red del Shock
Desde los sistemas jerárquicos a las complejidades de las redes.
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A lo largo de la historia de la humanidad nos hemos enfrentado a las grandes oportunidades que nos ofrece Conocimiento. Gracias al avance de la ciencia y la tecnología, nos hemos dado cuenta del cómo las nociones más básicas que tenemos sobre nuestro entorno, y sobre las que se asientan las culturas, pueden ser cuestionadas en su veracidad.“La Red del Shock” es la investigación que responde al Proyecto Fin de Grado de Arte Multimedia propuesto por la Universidad Europea de Madrid, en el que tuve la oportunidad de tener a Esther Pizarro como tutora de dicho trabajo.
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El documento escrito nos hace un repaso sobre los distintos sistemas de organización que ha empleado el ser humano, cómo han evolucionado y como los usamos actualmente. Como máximo exponente de los sistemas creados por el hombre está Internet, y este será enfrentado a la propia naturaleza humana.
Con la Red del Shock se quiere plantear un “qué pasaría” si en algún momento las redes biológicas que a día de hoy nos permiten relacionarnos con nuestro entorno, las neuronas, no son capaces de gestionar los sistemas “sintéticos”. La Red del Shock establece un punto de unión entre las acciones que se ejecutan a través de Internet, y cómo este interacciona con nuestra actividad a la vez que está gestionando el propio material que lo constituye. Al conectarnos a Internet estamos estableciendo un flujo de doble sentido, en el que por un lado consumimos material, pero por otro, parte de nosotros está pasando a ser un elemento de esa red.
En una sociedad que cada vez está más conectada, cabría pensar que algún día el material de “la nube” pase a estar entre nosotros de una forma más física a como lo hace actualmente, y la pregunta de qué pasaría si todo ese flujo de datos no estuviese completamente bajo nuestro mando. Por medio de la creación de un audiovisual y un código que hará la instalación interactiva, se pretende que el espectador intente hacerse dueño de los sucesos que sucedan en la obra, aunque como ya hemos dicho, parte de ella no será manipulable.
Por un lado, el circuito interactivo representará esa interacción directa y controlada, metáfora de subir un video, enviar un email, buscar una información por Internet. Una relación que será traducida en parpadeos de luz, en una señal insignificante, en un “encendido o apagado”, algo fugaz. Por medio de proyectores, se reproducirá un video. Este será una compilación de las imágenes resultantes de la grabación de las pantallas de ordenador de distintas personas llevando a cabo algún tipo de actividad en la red, reflejo de toda la información que es volcada y que escapa a nuestro control cuando decidimos cederlo. Todo ese material será proyectado a través de la maraña de la red que actuará como una lente deformadora.
El resultado: unas imágenes deformes, codificadas en el lenguaje de la red, difícilmente accesibles por el ojo de la persona. Un material el que no responderá a la voluntad del visitante. Ante la imposibilidad de hacernos dueños por completo de la instalación, se cuestiona qué supone para nosotros. La pregunta de si el incremento de la autonomía de las tecnologías es positivo o negativo se contestará con la incógnita, con el hecho de reflexionar y preguntarnos a nosotros mismos si el hecho de no poder controlar algo que hemos creado nosotros mismos, nos sitúa o no por debajo de él.

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